Memoria, democracia y dictadura
1. Memoria, democracia y dictadura: una discusión urgente en el Paraguay de hoy
En Paraguay, el debate sobre la memoria histórica no pertenece al pasado. Es una discusión plenamente vigente, atravesada por disputas políticas e institucionales que inciden de manera directa en la calidad de nuestra democracia.
Los recientes intentos de reivindicar la dictadura stronista desde espacios de poder público revelan una deuda no saldada: la ausencia de una memoria democrática robusta, asumida como responsabilidad ética, colectiva y política.
2.La dictadura no es una opinión
La dictadura de Alfredo Stroessner (1954–1989) se sostuvo en el terrorismo de Estado, la persecución política, la tortura, el exilio forzado, las ejecuciones y las desapariciones. Estos hechos están documentados, reconocidos oficialmente y forman parte de la verdad histórica del país. No admiten relativizaciones ni reinterpretaciones interesadas.
Presentar la dictadura como un período “menos violento” o justificarla en nombre del orden, la estabilidad o las obras públicas no constituye un análisis histórico legítimo, sino una forma de negacionismo que banaliza el sufrimiento de las víctimas y debilita los principios democráticos.
3.Memoria histórica: condición para la no repetición
La Comisión Verdad y Justicia (CVJ) documentó que durante la dictadura de Stroessner (1954–1989) se produjo una represión estatal sistemática y generalizada. El informe reconoce 128.076 personas afectadas por violaciones a los derechos humanos, de las cuales 20.090 fueron víctimas directas y el resto víctimas indirectas (familiares y allegados). Estas cifras surgen de miles de testimonios y archivos oficiales, incluidos los llamados Archivos del Terror.
Entre las violaciones más graves, la CVJ registró casi 20.000 detenciones arbitrarias, y determinó que
la tortura fue una práctica generalizada, sufrida por alrededor del 94 % de las personas detenidas.
Asimismo, se documentaron 336 desapariciones forzadas, 59 ejecuciones extrajudiciales y miles de
exilios forzosos, como parte de una política de persecución política sostenida durante 35 años.
Desde una perspectiva democrática, la memoria histórica no es un obstáculo para la reconciliación ni una fijación en el pasado. Es una condición necesaria para la no repetición. No existe democracia sólida sin memoria activa, sin reconocimiento de las violaciones cometidas por el Estado y sin respeto irrestricto a las víctimas y sobrevivientes.
La supuesta neutralidad frente a la dictadura no es neutralidad: es complicidad. Callar, relativizar o “equilibrar” el terrorismo de Estado bajo el ropaje del análisis histórico equivale a negar el carácter criminal del régimen y a despojar a la democracia de su dimensión ética. Allí donde se banaliza el terror estatal, se debilitan las garantías de derechos humanos en el presente.
4.Educación, Estado y responsabilidad democrática
La preocupación se intensifica cuando estos discursos provienen de autoridades públicas vinculadas a la educación superior. La educación no puede ser neutral frente a la dictadura. Por el contrario, tiene la responsabilidad de promover pensamiento crítico, compromiso democrático y una lectura ética de la historia.
Las universidades paraguayas fueron espacios de persecución durante el stronismo. Reivindicar hoy ese régimen desde el Estado implica desconocer esa historia y vaciar de contenido el sentido democrático de las instituciones públicas.
5.Defender la memoria es defender la democracia
La memoria no divide a la sociedad. Lo que divide es la impunidad, la negación del daño causado y la persistencia de narrativas que justifican el autoritarismo. Recordar no es anclarse en el pasado, sino construir garantías para el presente y el futuro.
En un contexto de retrocesos democráticos, defender la memoria histórica es una responsabilidad ética y política ineludible. Allí donde se relativiza la dictadura, se debilita la democracia. Por eso, hoy más que nunca, reafirmar el compromiso con la memoria es reafirmar el compromiso con los derechos humanos y con una democracia real.